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Sucesos

Un apicultor de Huelva fallece tras meter el pene en una colmena

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Fernando Arenas, de 41 años, natural de Punta Umbría (Huelva), conocido en el pueblo por su profesión de apicultor, falleció minutos después de meter el pene en una de sus colmenas. Padre de dos hijos a los que abandonó tras divorciarse de su mujer, Fernando era un hombre raro, solitario, e introvertido. O al menos así le definen los que le conocen

La ambulancia llegó al lugar de los hechos por una llamada que él mismo había realizado cuando se encontraba agonizando. Allí lo encontraron en su granja de abejas, tirado en el suelo y tan hinchado que los sanitarios se pensaban que era un hipopótamo. Los sanitarios solo pudieron certificar su muerte, y aunque el cuerpo aún estaba calentito, no pudieron hacer nada por salvar su vida.

Para llegar al cuerpo primeramente tuvieron que contratar a un equipo de fumigadores. Fuentes cercanas a la investigación han aclarado que Fernando se encontraba yaciente en el suelo al rededor de unas 2.000 abejas que no dejaban que nadie se acercara a él. Hasta allí se desplazaron varios vecinos para ver como levantaban el cadáver, todos ellos detrás de un cordón policial que las autoridades desplegaron con ayuda de dos árboles.

“Era un hombre raro pero no tenía maldad. Pero es que quien coño le manda meter el pene dentro de una colmena”, dijo una vecina aún consternada. Sin ningún familiar en el pueblo ni nadie que se hiciera cargo del cuerpo, Fernando fue trasladado a la morgue sin nadie que le acompañara. Ni las abejas hicieron el ademán.

Una vez realizada la autopsia del cuerpo de Fernando Arenas, el forense determinó que el hombre había metido el pene dentro de una colmena para auto complacerse. Esa versión fue corroborada más tarde por miembros de la policía científica, que encontraron restos de semen y vello púbico en el interior de una de las colmenas.

Posteriormente un conocido del lugar relató a los investigadores que el fallecido tenía un fetiche con estos insectos, y que en algunas ocasiones se ponía abejas en el pene para que le picaran. “Un día me invitó a probarlo, me dijo que cuando el aguijón se introduce en el glande vives una experiencia irrepetible con ninguna mujer”.

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