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Salud

Ingresado con el brazo atascado en el culo tras auto realizarse un ‘Fist-Fucking’

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Un hombre de Pontevedra era ingresado la tarde de ayer en el Hospital Provincial con su brazo atascado en el culo tras intentar auto realizarse un Fist-Fuckin, una práctica que consiste en introducirse parte del puño o incluso el antebrazo en la cavidad anal con ayuda de lubricantes o mantequilla.

El varón, de 35 años, confesó a los enfermeros que es bastante asiduo a realizarse así mismo dicha actividad, pero que por causas que desconoce esta vez el ano se le cerró completamente impidiendo la salida de su mano. Los hechos tuvieron lugar en su domicilio durante la mañana de hoy, y hasta allí se desplazó una pareja de sanitarios del 112 Pontevedra para trasladarlo al hospital.

El informe médico apuntó que su recto se habría bloqueado a modo de protesta, aquejado por la gran cantidad de visitas que viene recibiendo durante los últimos meses, algo bastante habitual conforme dicen los expertos. “El culo es más inteligente que nosotros mismos en muchas ocasiones. No hay que darle jamás un uso abusivo y debemos evitar el estrés de la zona. Si no se le trata bien se revelará en nuestra contra llegando a producir situaciones como la de hoy”, explicó el enfermero que le atendió.

Ahora este personaje se encuentra ingresado en el hospital hasta que reciba el alta, que según las informaciones que llegan del hospital y si todo sale como se prevé será en las próximas 48 horas. El resultado final, siete puntos de sutura en el ano, y varios coágulos de sangre en el antebrazo provocados por la presión y falta de oxígeno.

Al parecer el individuo sufrió un grado de excitación suprema viendo un video de lesbianas en internet, lo que provocó una dilatación sobre humana de su diámetro anal. “Llegué a introducirme hasta el codo, pero cuando quise detener sacar el brazo mi culo hizo tope a la altura de la mano. Me quedé atrapado literalmente”.

Una falta de movilidad que no le impidió avisar a los servicios de emergencia para que acudieran en su ayuda. Entre lagrimas recuerda que fue la llamada más vergonzante que había hecho nunca. “Me daba miedo que no me creyeran o que me tachasen de loco. Pero tengo que agradecer la gran profesionalidad que mostraron los sanitarios que me atendieron tanto en persona, como por vía telefónica”.

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