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“Desde que me hice un injerto capilar soy el hazme reír del pueblo”

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“Me llamo Zacarías de las Cuevas, tengo 44 años, y soy el hazme reír del pueblo. Vivo en Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real, un pueblo de 5.000 habitantes, y todos y cada uno de ellos me está haciendo la vida imposible por haberme injertado pelo en la cabeza. Hasta los niños se ríen cuando me ven. Yo solo quería recuperar el autoestima y ocultar mi brillante calva”. 

Así comenzó su triste testimonio Zacarías de las Cuevas en una columna del diario manchego Lanza Digital. Un espació que el periódico ofrece a los lectores para que expresen opiniones, cuenten historias, o denuncien situaciones de toda la Comunidad Autónoma. Un hueco libre por el que Zacarías llevaba varios meses en la lista de espera, y que le mostramos a continuación sin censura y al dedillo.

“He tenido que cerrar la tienda de ultra marinos que me daba de comer desde hace dos décadas, por falta de clientes y de no poder hacer frente a los gastos. Y todo por culpa de mi nuevo peluquín. Que además me ha costado 2.900 euros. Por el momento mi mujer sigue conmigo, pero apenas podemos salir a la calle. Cuando lo hacemos es un infierno, los jóvenes nos tiran piedras y los más civilizados simplemente nos insultan”.

“No me acostumbro a esto. Tengo dos hijos que ya no quieren ir conmigo a ningún lado, y me han pedido que no vaya a verles jugar al fútbol. Lo que estoy pasando no se lo deseo a nadie. Cuando era calvo todo el mundo me quería, mi tienda siempre estaba llena, y mi mujer me hacía el amor todas las noches. Siempre he sido una persona muy querida en Villanueva de los Infantes, y todo el mundo me invitaba a las fiestas”.

“Pero todo cambió al tomar la peor decisión de mi vida. Vi un anuncio en internet que decía que por 2.900 euros me daban un paquete de 5 noches de Hotel en Estambul con varias sesiones de injerto capilar. No me lo pensé dos veces y lo compré sin preguntarle a mi mujer. Ella se lo tomó muy bien y me apoyó en la decisión. Pero cuando volví comenzó mi la peor de mis pesadilla. Me han vetado la entrada en varios establecimientos por chaquetero. Aquí en el pueblo hay muchos calvos y la situación económica no está como para injertarse pelo”

Pelo polla” y playmobil, fueron los insultos que más recibí durante las primeras semanas, pero con el paso de los días las agresiones verbales se convirtieron en agresiones físicas. Han conseguido que me odie a mi mismo, y ya no se que hacer. He pensado en volver a Turquía para que me lo desinjerten. Sólo deseo que mi vida vuelva a ser como era antes. Después de todo esto, lo único que he aprendido es que ser calvo no es tan malo”.

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